Tapachula, CHIS. (balance México 17 de marzo de 2026).-Durante décadas, hablar de los pueblos indígenas de Chiapas fue casi siempre hablar de abandono. Comunidades enteras acostumbradas a escuchar discursos, promesas y diagnósticos que rara vez se traducían en hechos. El tiempo pasó, los gobiernos también, y en muchas regiones la espera se volvió una forma de vida.

En Oxchuc, esa historia parece comenzar a tomar otro rumbo. Ante más de 25 mil personas se anunció el arranque de un proyecto que busca atender a 12 pueblos históricamente olvidados: Aldama, Capitán Luis Ángel Vidal, Chalchihuitán, Chanal, Chenalhó, El Bosque, Mitontic, Oxchuc, Pantelhó, San Andrés Duraznal, San Juan Cancuc y Tila.
No es un dato menor. Se trata de regiones donde por años la marginación fue una constante y donde la presencia institucional llegó tarde o, en muchos casos, nunca llegó.
Hace más de tres décadas, desde estas mismas montañas surgió un grito que sacudió a México. En 1994, el Ejército Zapatista de Liberación Nacional lanzó una pregunta que sigue resonando en la memoria colectiva del país: “Por mi voz habla la voz del Ejército Zapatista de Liberación Nacional… Venimos a preguntarle a la patria: ¿por qué nos dejó ahí tantos y tantos años?”
Aquella interrogante no era sólo una consigna política; era el reflejo de generaciones que crecieron en el olvido.
Hoy, la narrativa que empieza a construirse desde el gobierno estatal busca responder precisamente a esa deuda histórica. El gobernador de Chiapas, Eduardo Ramírez Aguilar, puso sobre la mesa el programa “Del olvido a la prosperidad”, una estrategia que promete llevar inversión en salud, educación, agua potable, electrificación, infraestructura y caminos dignos a estas comunidades.
La apuesta es clara: gobernar desde el territorio y no desde el escritorio. Porque durante años el problema no fue la falta de diagnósticos. Lo que faltó fue decisión política para atender las realidades de la montaña, de la selva y de los pueblos que parecían invisibles para el aparato gubernamental.
Hoy el discurso oficial habla de una Nueva ERA sustentada en el humanismo político. Un concepto que, más allá de la retórica, tendrá que medirse en resultados concretos: clínicas funcionando, escuelas equipadas, caminos transitables y servicios básicos que dignifiquen la vida de la gente.
La historia de Chiapas está llena de promesas que se quedaron en el aire. Por eso la expectativa social es grande, pero también lo es el escepticismo.
Sin embargo, algo parece empezar a cambiar: la atención que antes era ausente ahora comienza a sentirse en territorio.
Como decía el recordado obispo Samuel Ruiz García: “Estar arriba con los de abajo, estar adentro con los de afuera, y caminar para que las cosas no sean iguales”. Esa frase resume, quizá, el desafío del presente. No basta con anunciar prosperidad; hay que construirla paso a paso.
Y si algo quedó claro en Oxchuc es que, para miles de chiapanecos, el tiempo de esperar ya fue demasiado largo. Hoy no quieren discursos.
Quieren resultados.
Y en la política, como en la vida, la verdadera diferencia entre prometer y gobernar está en cumplir.
REFLECTORES
Se acabó la feria de Tapachula y todos hablen de cómo les fue. Algunos molestos porque no recibieron la cortesía para ver el show en el palenque de gallos, otros más aplauden hasta el cansancio porque les fue a todo dar. El ser amigo o pariente del actual presidente del patronato o su gente allegada le permitió estar en primeras filas.
Un gran reto por mejorar para el próximo año. Lo cierto es que en el palenque de gallos, los artistas en gran parte de los conciertos no llenaron. “Cada quien habla de cómo le va en la feria”.
Nos leemos en la próxima entrega …
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