Por| Cristian Alegría
Tapachula, Chiapas (Balance México 22 Enero 2026).-La producción de café robusta en la zona fronteriza de Tapachula ha tenido que adaptarse a una realidad que se volvió evidente en los últimos años, la mano de obra tradicional ya no está llegando al campo. La disminución de jornaleros mexicanos y guatemaltecos ha obligado a los productores a buscar alternativas para no perder la cosecha.

Durante décadas, el trabajo en los cafetales se sostuvo principalmente con trabajadores provenientes de Guatemala, contratados de manera regular en la franja fronteriza. Sin embargo, esa dinámica prácticamente se rompió. Roberto Tomasini Pérez, ingeniero agroindustrial y productor de café robusta, explicó que “la mano de obra guatemalteca cayó casi en un 90 por ciento; antes llegaban hasta 300 personas y ahora regresamos con una o dos, así no se puede trabajar”.
A esta caída se suma el desinterés de trabajadores mexicanos por emplearse en el campo. Productores señalan que la mayoría prefiere buscar ingresos en zonas urbanas, donde el trabajo es menos pesado y el pago más constante, lo que ha dejado sin personal tareas clave como la limpia, la poda y la tapizca.
En ese contexto, la llegada de migrantes haitianos, cubanos y venezolanos comenzó a marcar una diferencia. Lo que inició con pequeños grupos de trabajadores fue creciendo conforme se corrió la voz de que había empleo en los cafetales. En algunos casos, el número de personas interesadas superó la capacidad económica de los productores para contratarlos.
Aunque el idioma representa una dificultad, los productores aseguran que no ha sido un obstáculo definitivo. Tomasini Pérez señaló que “aunque muchos no hablan español, hacen el esfuerzo, entienden las indicaciones básicas y demuestran que sí quieren trabajar, por eso se van conformes”.
Para los migrantes, el trabajo en el campo representa una oportunidad de obtener ingresos durante su paso por México; para los cafetaleros, es la diferencia entre sacar o perder la cosecha. La presencia de esta mano de obra dejó de ser eventual y se volvió parte del funcionamiento diario de las fincas.
La transición ya es visible en la región, los cafetales de Tapachula pasaron de depender casi por completo de jornaleros guatemaltecos a sostenerse en buena medida con trabajadores migrantes que hoy ocupan un lugar clave en la producción de café robusta.

