Tapachula, Chis. (Balance México 16 Febrero 2026).-En la frontera sur hace tiempo que la realidad rebasó a los límites municipales. Tapachula crece, se expande, se conecta o se desconecta con municipios vecinos mientras la dinámica económica, comercial y social avanza sin pedir permiso a los mapas políticos. Sin embargo, la planeación sigue atrapada en escritorios separados, reglamentos distintos y decisiones que no dialogan entre sí.

La movilidad colapsada, la presión sobre el agua, el crecimiento irregular de la mancha urbana, el transporte desarticulado y la demanda de servicios básicos no distinguen fronteras municipales. La vida cotidiana de la población tampoco. Quien vive en un municipio y trabaja en otro lo sabe mejor que nadie. Por eso, seguir administrando la región como si cada ayuntamiento fuera una isla resulta no sólo anacrónico, sino costoso.
En ese contexto cobra relevancia la propuesta de una Ley de Coordinación Metropolitana en Chiapas. No se trata de una reforma decorativa, sino de sentar bases jurídicas claras para que los municipios puedan planear juntos y no por separado. Y hay un elemento que vale la pena subrayar: la iniciativa se está socializando, escuchando a sectores productivos, especialistas, académicos, autoridades municipales y sociedad civil. Eso, en política pública, marca diferencia.
La diputada local María Mandiola , al frente de la Comisión de Hacienda y de la Comisión Especial de Zonas Metropolitanas, ha puesto sobre la mesa la necesidad de construir mecanismos formales de gobernanza intermunicipal. La propuesta incluye la creación de un Instituto de Planeación Metropolitana, un órgano técnico que garantice continuidad más allá de los ciclos políticos de tres años. Sin institucionalidad técnica, la planeación termina siendo rehén de la coyuntura.
En la frontera sur el tema es aún más delicado. Tapachula funciona como nodo económico, comercial y migratorio. La relación cotidiana con Guatemala genera flujos laborales, comerciales y de servicios que presionan infraestructura y equipamiento urbano. Pensar que un solo municipio puede resolver por sí mismo esta complejidad es desconocer la dimensión real del fenómeno.
Los ejemplos sobran: obras que se detienen en el límite territorial, sistemas de transporte que no conectan, reglamentos distintos en un mismo corredor urbano, infraestructura duplicada o mal coordinada. El resultado es gasto disperso, soluciones incompletas y ciudadanos que pagan las consecuencias.
También hay un ángulo económico que no debe perderse de vista. Las zonas metropolitanas que funcionan atraen inversión porque ofrecen certidumbre, conectividad y reglas claras. Para una región que compite por desarrollo logístico, comercial e industrial, la coordinación no es un lujo técnico: es una estrategia de competitividad.
En este proceso destaca la disposición del Ayuntamiento de Tapachula para coadyuvar en la construcción de esta iniciativa. La apertura a dialogar y sumar esfuerzos envía una señal positiva en una región donde históricamente ha costado trabajo alinear agendas. Si la capital económica del Soconusco asume un papel proactivo, el avance puede ser más sólido y con mayor respaldo regional.
Asimismo, es importante señalar la participación de los diputados de la zona, Freddy Escobar y Katy Aguiar, quienes mantienen presencia constante en territorio y han impulsado gestiones en beneficio de la población de sus distritos. La construcción de una visión metropolitana requiere justamente eso: representantes que conozcan la realidad cotidiana y no sólo la estadística en papel.
El reto, por supuesto, no es menor. Coordinar implica ceder protagonismos y entender que el beneficio colectivo está por encima de la lógica individual. Ahí suelen atorarse las reformas. No en la técnica, sino en la política.
Pero la frontera sur ya vive en clave metropolitana. Ignorarlo sólo prolonga el desorden, encarece las soluciones y limita el potencial de desarrollo. La planeación conjunta dejó de ser alternativa académica: es una condición para el futuro de la región. Y esa discusión, más temprano que tarde, tenía que abrirse.
REFLECTORES
El fiscal general del estado Jorge Luis Llaven y el Piloto Oscar Aparicio Secretario de Seguridad del Pueblo han trazado una agenda de proximidad social. Sus reuniones de jueves en donde escuchan a los sectores productivos y se atienden sus quejas o propuestas, siguen siendo lo destacable en esta administración estatal.
El escritorio ha quedado atrás por el trabajo a ras de suelo. La pasada reunión celebrada en conocido hotel al sur de Tapachula, dejó claro su compromiso de atención y sobre todo garantizar la tranquilidad social.
Ahí estuvo por fin Segundo Guillén secretario de turismo en Chiapas a quien dicen no le fue del todo bien. Los empresarios en el ramo turístico siguen remandándole trabajo real.
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