Antonio del Castillo, de aproximadamente 75 años, fue deportado hace unos 20 días después de vivir 27 años en Estados Unidos. Llegó a Tapachula con diabetes, los pies inflamados y problemas de visión; denuncia que no ha recibido atención médica y cuestiona que, a su parecer, se brinde más apoyo a migrantes extranjeros que a mexicanos deportados.

Por| Cristian Alegría 

Tapachula, Chiapas (Balance México 20 de Octubre 2026).— Después de vivir casi tres décadas en Estados Unidos, Antonio del Castillo, originario de Milpa Alta, Ciudad de México, enfrenta una nueva realidad en territorio mexicano. Tiene aproximadamente 75 años, fue deportado hace unos 20 días y ahora busca trabajo en Tapachula, donde también necesita atención médica por problemas de salud que, asegura, no han sido atendidos.

Su principal inconformidad es el trato que reciben los mexicanos deportados frente a los migrantes de otras nacionalidades. Antonio considera que quienes regresan a México después de pasar años en Estados Unidos también necesitan apoyo para sobrevivir, pero siente que sus necesidades quedan relegadas.

“Hay más preferencia para el inmigrante”, afirmó al comparar la atención que, según su experiencia, reciben las personas extranjeras con la que encuentran los mexicanos que vuelven al país tras ser deportados.

Antonio relató que en algunos centros para migrantes existen espacios donde las personas pueden bañarse, comer y recibir ayuda. Sin embargo, asegura que los mexicanos deportados no siempre encuentran las mismas facilidades y que, cuando intentan pedir dinero o algún tipo de apoyo en la calle, incluso se enfrentan a malos tratos.

El hombre llegó a Estados Unidos en 1993. En aquel entonces, recuerda, cruzar la frontera era más sencillo y económico. Una vez allá, consiguió ganarse la vida gracias a su oficio como reparador de electrodomésticos, actividad a la que se dedicó durante aproximadamente 27 años.

Durante ese tiempo tuvo patrones que, según cuenta, lo trataron bien e incluso le avisaban cuando había operativos migratorios. Con los años, sin embargo, comenzó a sentirse incómodo con su situación y decidió dejar atrás la vida que había construido en ese país.

Su regreso a México tampoco ocurrió como esperaba. Antonio explicó que formó parte de un grupo de aproximadamente 70 personas deportadas que fueron trasladadas a Guatemala, desde donde tuvieron que continuar su camino hacia territorio mexicano.

En el grupo había principalmente mexicanos, algunos originarios de estados como Guerrero e Hidalgo. Varios terminaron en Tapachula, ciudad a la que también llegó Antonio, quien considera que regresar desde Guatemala implica riesgos por la posibilidad de sufrir secuestros y encontrarse con grupos delictivos durante el trayecto.

El adulto mayor dijo desconocer los acuerdos entre los gobiernos de México y Estados Unidos que pudieron derivar en el traslado hasta Guatemala, pero cuestionó que los deportados no fueran enviados directamente a su país de origen.

A esta situación se suma su estado de salud. Antonio contó que recientemente le diagnosticaron diabetes, tiene los pies inflamados y su visión se ha vuelto borrosa. Asegura que ha solicitado ayuda a la policía durante dos días, sin obtener la atención que necesita.

La falta de atención médica le preocupa especialmente porque, además de su edad, ahora debe resolver cómo alimentarse, conseguir un lugar donde establecerse y encontrar ingresos sin contar con las condiciones que tenía cuando trabajaba en Estados Unidos.

Pese a las dificultades, Antonio no quiere depender de otras personas. Su intención es aprovechar los conocimientos que adquirió durante años reparando aparatos eléctricos y electrodomésticos para conseguir trabajo en Tapachula, reunir dinero y decidir después si regresa a la Ciudad de México o permanece en Chiapas.

“Yo tengo un oficio y soy trabajador; me gustaría probar aquí en Tapachula, a ver qué pasa”, expresó.

Su caso pone sobre la mesa las dificultades que también pueden enfrentar los mexicanos deportados al regresar después de muchos años fuera del país. Para Antonio, no se trata únicamente de volver a México, sino de encontrar atención médica, oportunidades para trabajar y condiciones que le permitan comenzar de nuevo, sin sentir que su nacionalidad lo coloca en desventaja frente a otros migrantes.

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