Por Edith Sarti García 

Tapachula, Chiapas (Balance México 18 julio de 2026.- Hace muchos años, el ecosistema del río Texcuyuapan era un Edén, con fauna y flora exhuberantes, sus aguas cristalinas y matorrales plenos de vida; de repente, notaron la lenta agonía de aquella maravilla natural.

Las abejas Meliponinas reflejaban tristeza por la pérdida de tantos insectos, mamíferos, aves, reptiles y criaturas residentes en las profunfundidades de las aguas de su río.

Una mañana, la abejita melipona Meli, acompañada de diversidad de especies, decidieron investigar el motivo de la pérdida de su habitat, cuando de repente oyeron un espantoso ruido, se acercaron con extrema precaución, y descubrieron un vehículo tirarando desechos inorgánicos a orillas de su apreciado río.

 Sobrevolaron más abajo, donde, hombres y mujeres también envenenaban todo un ecosistema.

Los sobrevivientes con profundo dolor, tuvieron que emigrar y la incansable Meli y otros animalitos solicitaron ayuda a loros y periquitas para rogar a los  humanos, detener todo tipo de ecocidio.

Desde entonces, todas las mañanas muy temprano y por las tardes, parvadas de color  verde vuelan sobre la ciudad, reclamando con sus ruidosos chirridos, trinos, graznidos, silbidos y gorgoteos,  respeto y rescate del entorno de Tapachula, entre ellos, el deteriorado ecosistema del río Texcuyuapan.

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